Relato de experiencias de vida al trabajar en enda dominicana, por Antonio Rodríguez

Hace unos días en enda dominicana me solicitaron escribir algunas notas relacionadas con mi experiencia y de lo que ha significado haber trabajado en la institución y lo que ha significado en mi desempeño como profesional y como ciudadano. Tremenda pregunta a la cual accedo con todo gusto.

Un poco de historia.

Inicié en enda caribe (como la conocimos en sus inicios) en el año 92, recién llegado de España, con muchas ilusiones y con el cerebro más amplio. Después de unos meses, Yolanda De León Mata (Directora del Programa Urbano) me llamó para que le acompañara en el Programa de Desarrollo Barrial en los Tres Brazos de Santo Domingo Este. Entré en agosto 1992 y fui fijado el 8 de octubre del mismo año. 

Antonio Rodríguez impartiendo uno de los talleres del programa Microempresa en Los Tres Brazos en Abril 1994

Ya era maestro de biología, pero un neófito en el área de saneamiento ambiental, reciclaje y créditos comunitarios entre otras miles de cosas. Desde allí inició la inversión en el recurso humano para el desarrollo de competencias y el desenvolvimiento de mis funciones laborales.

De manera continua y sistemática, el proceso de capacitación se fue danto sin prisa y sin pausas. Primera vez que le puse la mano a un computador, que participaba en una asamblea con un grupo de técnicos de proyectos con objetivos indistintos, por primera vez le puse la mano a una moto de 100 cc. Así se fue desarrollando entre encuentros y reuniones donde todos aprendíamos de todo y con todas y todos.

Luego vino un intercambio sur sur, viajamos a Colombia dos veces, la primera para conocer los filtros lento de arena, el vivero y fábrica de mangueras de plásticos reciclados de las mujeres de TIBABUYES. Y un año después volvimos a capacitarnos en video, cine y boletines populares.

Otros de los viajes fue la eco comunidad en Uruguay. Allí aprendimos a cerrar los ciclos de energía, a vivir reduciendo nuestra huella ecológica, a desarrollar acciones de ciudadanía responsables para reducir el cambio climático. Si bien todo este proceso de viajes puede oírse muy divertido, lo que puedo asegurar es que fue potencialmente formativo.

En enda aprendí una filosofía de vida que hoy permanece en, lo que consumo, cómo lo consumo, en lo que prefiero y cómo dispongo de los desechos. Hoy mi casa  con mi familia vivimos en una constante reducción de nuestra huella ecológica, reusamos, recuperamos y elegimos productos de menores riesgo para el ambiente, de fácil reutilización y reciclaje. 

Aprendí a trabajar en equipo, a saber que la suma es mayor a cada una de las partes. Entre familia y amigos hacemos compras cooperativizadas; compramos en volumen (al granel) y repartimos los gastos. Los desechos biodegradables son aprovechados en el jardín, producimos nuestro abono compost. Y nuestro patio estrecho y pequeño, tenemos prácticas de cultivo agricultura urbana. Tenemos en nuestras jardineras: mangos, aguacates, cocos, cerezas, pitajaya, guanábanas, piña, manzanas de oro, musáceas dos variedades;  y cítricos como: limones, naranja y toronja. No piensen que el patio es grande, todo eso es en las jardineras, que solo tiene un pie de ancho por unos 20 metros de largo. Además de plantas ornamentales y medicinales, las cuales mitigan el sol y el calor, se producen frutos, los cuales capturan CO2.

Haber trabajado en enda, va más allá de haber permitido adquirir el sustento de la familia, para mí ha sido una cultura de vida, ha formado parte de mis competencias profesionales, en una relación más armoniosa con el ambiente y en una constante práctica de reducción del daño al medio ambiente; he podido pasar de la teoría a la práctica sin prensa ni propaganda.

En mi carrera de docente en el área de biología, todas las informaciones, capacitaciones y experiencias vividas me han servido de mucho, es notoria la diferencia de informaciones en relación a otros profesionales que no han tenido esas oportunidades. Toda la formación recibida me fue necesaria para el programa Dominicana Limpia en el cual desempeñé la función de capacitador para los promotores de las alcaldías. Además en el diseño y revisión de la cartillas usadas para la capacitación de los estudiantes de educación media del Ministerio de Educación de la Republica Dominicana – MINERD.

Seguí ligado a enda, por la cercanía y afecto compartido con su director, el ingeniero Mamerto Valerio, quien me invitó a formar parte de la Asamblea General de enda y luego por elección formé parte de la Junta Directiva de enda dominicana cuando se realizó la habilitación de enda caribe y nació enda dominicana (La Asamblea y elección de la Junta Directiva es un requisito de la ley 122-05 que regula las Asociaciones Sin Fines De Lucro – ASFL). También coordiné una de las Asambleas de enda celebrada en San Francisco como facilitador de la misma.

En esas funciones consultivas honoríficas, tuve el honor de participar como enda en dos encuentros internacionales, uno en Senegal y otro en Túnez en 2010 y 2013 respectivamente, estos dos encuentros han sido y son de mucha riqueza personal, profesional, cultural y espiritual. Conocí todas las antenas y sus directivos y personal de todas las endas. Conocer sus proyectos, aciertos, limitaciones y experiencias; compartir las nuestras, aprender de manera colaborativa, continúa siendo muy valioso.

Enda para mí ha sido una fuente de saber permanente, una universidad de aprendizajes para la vida, fuente inagotable que me ha permitido una relación más coherente con mi medio ambiente; un cambio de una visión androcéntrica a tener una visión más holística, como parte la naturaleza y no el centro de la misma. En este momento formo parte de la Junta Directiva y aun así continuo aprendiendo, aprendo con el equipo administrativo, con el técnico, con los destinatarios de todos los proyecto de enda, los cuales son una fuente inagotable de saberes y de humildad.

Antonio Rodríguez 

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